Monstruos y asesinos II (Ilustrado)

por Francisco Serrano

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Antes de entrar en el Gran Salón del Hotel Subterráneo la camarera me ató un embozo al rostro. El lugar estaba lleno de clientes embozados y prostitutas desnudas con el cuerpo cubierto de tatuajes, anilladas y marcadas a cuchillo por sus propietarios, glifos de cicatrices en espaldas, nalgas, muslos, escarificaciones tintadas en los pechos. Las prostitutas se movían entre las mesas en las que los hombres cenaban y bebían, con un cierto aire de desfallecimiento, invitando a tocar sus marcas. (…)

La camarera que me había puesto el embozo apareció por el pasillo empujando un carrito con flores, hielo y un par de botellas de champán. No levantaba la mirada del suelo. Llamó a una puerta al otro lado del pasillo. Esperó unos segundos y entró. Entreví a una mujer colgada de pies y manos del techo, amordazada y cegada, y a un hombre desnudo de cintura para arriba y con un pasamontañas, que le pasaba, no sin cierta ternura, un pañuelo verde por la boca, intentando limpiarle de babas la mordaza.

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Ilustración: Marcos de Diego

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