Monstruos y asesinos IV (Ilustrado)

por Francisco Serrano

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Entonces sucedieron dos cosas casi al mismo tiempo. Un griterío vino desde el canal y sonaron algunas campanas de alarma. V estiró el cuello para mirar. Un resplandor rojizo como una antorcha enorme venía por el río. La gente salía a los porches de sus casas flotantes, frotándose los ojos, se asomaba desde los puentes, preparaba cubos de agua en las chabolas colgantes bajo los arcos. Un barco en llamas, sin tripulación, que llevaba la corriente e iluminaba de rojo la piedra mojada del canal.

V se separó de la columna para seguir mirando. Era un barco mercante viejo cuyo castillo de popa era mampostería labrada, roca viva en cuyos intersticios brillaba un color plasmático animado por el fuego interior. Ondas de calor cruzaban el aire y V sacó las manos de los bolsillos y se las frotó, fascinada. Continuaba el griterío y las campanas de alarma. Una chispa, una pavesa llevada por el viento, podía extender el incendio a otros barcos o a las casa flotantes. Hasta el borracho dejó de gritar y se quedó mirando el espectáculo.

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Ilustrado por Marcos de Diego

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