Monstruosy asesinos VI (Ilustrado)

por Francisco Serrano

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Miré al interior del foso. El chapoteo se repitió, seguido de un gorgoteo viscoso, algo parecido a una emanación de gases en el fango de un pantano, y un siseo, algo mojado deslizándose por la piedra o el cemento, deslizándose hacia arriba. Recordé las historias que se escuchaban en los muelles del río, los relatos de poceros y cangrejeros que aseguraban encontrar de cuando en cuando criaturas en sus trampas, bichos de mandíbulas compuestas y racimos de tentáculos por ojos, criaturas ciegas, con vísceras corrosivas y estómagos múltiples visibles en la gelatina densa y translúcida que tenían por carne, erizadas de espinas y de veneno, y empujé con todas mis fuerzas la losa, mientras el ruido, el deslizar, se hacía más fuerte, y subía en la corriente de aire un hedor abrasivo, intoxicante, y el mecanismo chasqueó y la bisagra se rompió y la losa cayó con mi peso y el suyo sobre lo que ya estaba emergiendo.

(…) Salí cojeando, el abrigo manchado de polvo y sangre del portero, magullado, dolorido, envenenado, con la mano cada vez más insensible e hinchada, y no pude evitar echarle un último vistazo a eso, lo que la losa le había cortado a la criatura de las profundidades, bífido y lleno de ventosas, todavía sacudido por espasmos. Vomité antes de salir del callejón e internarme en una galería llena de burdeles y de cafés en la que nadie me prestó atención.

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Ilustrado por Marcos de Diego

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