Borradores en crudo de una novela sin título 3

por Francisco Serrano

3.- Los contornos del enigma

Desde arriba, digamos, a vista de pájaro o a vista de aeronave, según la época desde la que miremos, la región es ondulada y agreste. Las sierras empujan hacia el océano, algunas coronadas por crestas de granito, otras de lomo suave, llenas de arbustos como pelaje. Durante siglos esta franja ha sido dominio de cabras y pastores. A un lado de los montes las vegas de diversos ríos riegan huertas y plantaciones de naranjos. Al otro la costa, con su bahía de aguas oscuras, sus ensenadas y calas, los oficios marítimos y la sal incrustada. En esta tierra de nadie medran los conejos en el roquedal y anidan las víboras en la cañada. Los alacranes buscan el refugio de la oreja del dormido. Hombres en pellizas rancias comen queso y uvas y pan viejo y sus perros descansan al sol, sin dejar de vigilar al rebaño. Siguen la tradición de la honda y el tirachinas, del garrote y la navaja y a su manera son expertos cirujanos, capaces de operar quistes propios y ajenos y de practicar amputaciones menores. Con frecuencia se han dedicado al estraperlo, han pasado de un lado a otro de los montes con la espalda cargada de fardos y llevado mulas por senderos de alimañas. Desde los tiempos de romanos y cartagineses también se han dedicado a la traición profesional y al quintacolumnismo, por unas pocas monedas, por especias de oriente, por lo que les fuera ofrecido, han guiado al ejército invasor o a la partida de piratas, musulmanes, cristianos, rubios, morenos, hacia los pueblos tranquilos e indefensos y han contemplado el fuego de las casas después desde lo alto de sus montes, rodeado por sus animales, sin sentir gran cosa. Son personas, como sucede con las gentes en todos los lugares y en todas las épocas, vulgares y excepcionales al mismo tiempo.

Eso visto desde cierto ángulo, desde ciertas coordenadas que relacionan momento y lugar. Parece inmutable. Sin embargo visto desde el instante de la historia que nos compete todo eso ha terminado para siempre. Los montes han sido escarbados, la maquinaria ha desbrozado las cañadas, los túneles atraviesan el monte y hacen innecesario el conocimiento de los senderos ocultos. Los arroyuelos corren por canales y se vierten en la bahía, contribuyendo a la oscuridad de las aguas, igual que los bancos de algas que circulan bajo la superficie como negas sombras de nube. A cierta velocidad la aparición de urbanizaciones y bloques de apartamentos no es diferente del crecimiento de colonias de hongos, las grúas como zarcillos vegetales que se mecen al viento. El hormigón es mercurial, fluye por el territorio llenándolo todo, aplana los descampados salvajes, rellena las grietas de la roca, se convierte en aparcamientos, en carreteras, cría su piel de asfalto, sus huesos de hierro. En ciertas zonas el hormigón se manifiesta de maneras extrañas e incomprensibles, pero no ha llegado el momento todavía de hablar de ello.

De qué disponemos, por tanto, de qué trata esta historia. Disponemos de un centro comercial y un puerto deportivo. Disponemos de los chalés de lujo y de los chalés no tan de lujo y de los chalés discretos que pasan la mayor parte del año vacíos. Disponemos de las rejas altas en el perímetro y de la seguridad privada. Disponemos de la mole de los edificios de apartamentos, con las sombrillas de playa atadas en los balcones, las tumbonas apiladas, la arenilla cautiva barrida hasta las esquinas. Disponemos del club de alterne Paradiso, con sus luminosos color magenta y sus palmeras desprotegidas. Disponemos del Night Club Cobra Show, cuya imagen promocional en los carteles de la carretera nacional es la de una serpiente y un escorpión peleando en el interior de una botella de whisky. Disponemos de aguas de barro, aguas que ensucian más que limpian los cuerpos de los bañistas cuatro meses al año, aguas con suave pátina de petróleo refinado, aguas tornasoladas como el plumaje de un palomo. Disponemos de la basura que se incinera donde no pueda verse ni la columna de humo en el horizonte, de basureros clandestinos justo en la línea del horizonte. Qué más. Las tiendas del pueblo, los comercios del pueblo, las zapaterías, los quioscos. El mercado, el barrio viejo, la muralla cinco veces centenaria. La librería Morrión en la calle Morrión. Disponemos de la temporada baja y del mal tiempo, del frío y la humedad que vacían el lugar hasta la primavera. Hay un olor a mar que se mete hasta en la carne expuesta en los mercados, en las piezas de vaca, en los trozos de cerdo, y le da a todo un sabor a ostra viva.

Disponemos de la memoria, aunque sea de mi confusa memoria, que dice que esta región ya era famosa antes de la trágica primavera de mil novecientos ochenta y ocho. Tuvo un sacamantecas activo en el siglo diecinueve y otro a principios del siglo veinte, por ejemplo, y ambos casos profetizan la aparición inmediata de un tercero. Ningún juicio famoso de brujería pero sí cierta actividad herética tras la expulsión de los judíos. Más, más. En mil novecientos noventa y cinco un autobús escolar volcó en las afueras del pueblo y en el accidente fallecieron siete niños y dos adultos. Siete meses antes de esto una pareja encontró a su gata dormida en el sofá bajo una manta tras buscarla durante varios minutos al borde de la histeria por todo el piso, cada segundo más convencidos de que se había arrojado por la ventana y caído desde una octava planta. Un coche seat ibiza color verde pistacho pasó doscientos nueve días abandonado en una callejuela del casco antiguo hasta que fue retirado por la grúa municipal. En mil novecientos setenta un burrito llamado Silvestre se escapó del corral en el que lo guardaban sus dueños y vivió por su cuenta cuatro años en los montes hasta que se lo apropió un agricultor que simplemente lo vio pasar por delante de su huerto, peludo, sucio y lleno de abrojos. Un dedo humano apareció en una papelera mientras a escala nacional se buscaba a unas niñas desaparecidas en algún momento de la década de los noventa. Estos son los contornos del enigma. Perdón si no distingo la importancia de las historias y me hago un lío.

Lo que quería decir es que la urbanización Montebajo está a media hora caminando desde el centro del pueblo. Proyectada de manera que a su finalización presente una forma de pirámide o cuña ahora mismo solo hay una hilera de casas construidas, la hipotenusa de este triángulo. Un hombre en uniforme de seguridad privada fuma un cigarrillo, los hombros de la cazadora mojados de rocío nocturno, la gorra calada hasta las cejas. Contempla la inelipse vacía, la tierra removida, el futuro parque privado. Unas farolas en las aceras terminadas iluminan de amarillo las sombras. El hombre es joven y atractivo pero tiene los ojos de alguien sometido a terribles privaciones ascéticas. Todo esto visto desde aquí, insisto, que lo hace todo tan raro. Desde la decimotercera dimensión, por decirlo de alguna manera. Pero si tú pudieras verlo, si vieras las arrugas alrededor de esos ojos, tampoco te atreverías a dejar de mirarlo.